Este blog tiene la intención de hablar de las mujeres emprendedoras en el amplio sentido de la palabra, porque para mí todas las mujeres sea cual sea su profesión y/u oficio pueden llegar a ser emprendedoras. Y hoy paso por un momento complicado, que es habitual en las personas que emprendemos. Mientras que por un lado participas de acciones que están hechas para ayudarnos, por otro lado ves como muchas veces esos supuestos regalos tienen un costo muy alto.
A nuestra empresa, e-cléctica, Gestión y Formación SL, que apenas tiene 9 meses de constituida le han concedido una subvención para realizar un importante proyecto (por lo menos así lo creo yo) de inserción de las personas mayores en la Sociedad de la Información. Es un proyecto que va más allá de la alfabetización informática, busca conseguir un interfaz adaptado a las posibilidades de los mayores, busca que ellos sean los verdaderos protagonistas. Esos 20 mayores que son nuestro grupo de estudio están al igual que nosotros, encantados de poder ser tomados en cuenta, de contar con un equipo de investigación que van a hacer caso de sus necesidades, que van a permitir que se expresen como ellos quieren. Esos mayores y nosotros no podremos tener el proyecto, porque para poderlo hacer necesitamos avalar ese importe.
Una microempresa no tiene hoy en día casi 80.000 euros para dejar durante un año en el banco inmovilizado y aunque cuando solicité la subvención sabía lo del aval, también más de una persona me animó a hacerlo porque seguramente la administración buscaría una solución… Por los momentos no es así y apenas nos quedan días para aceptar o renunciar a esta subvención, que iba a crear dos puestos de trabajo e iba a permitir que los mayores tuviesen un interfaz aún no creado en el mundo.
Este regalo envenenado lo aceptaré formalmente, sabiendo que por decreto lo rechazarán por no tener las garantías económicas y si esta semana no existe ningún esfuerzo desde los responsables para que esto cambie, este post un tanto poético, se llenará de cifras y nombres que indicarán de quién hablo y del por qué las empresas muchas veces no podemos emprender o innovar.
Carmen Martín Robledo


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